Teología abierta: Análisis filosófico

La entrada anterior versó sobre las dificultades exegéticas que presenta el teísmo abierto (TA): negar que Dios conozca las acciones futuras de los hombres no tiene asidero en las Escrituras. En esta, la intención es continuar ahora con un análisis filosófico y breve sobre el TA.

TEODICEA CON PIES DE BARRO

El TA es fundamentalmente una teodicea cristiana: un intento de reconciliación entre el Dios bueno, omnisciente y todopoderoso del cristianismo con la existencia del mal y el sufrimiento en el mundo. Greg Boyd, el más conocido proponente del TA, vez tras vez motiva su introducción al tema con alguna ilustración sobre el sufrimiento en el mundo y pasa de ahí a explicar su postura.1

El TA es una reacción al calvinismo. El dios del calvinismo determina todo lo que ocurre en el universo. Por ejemplo, determinaría quién se condena y se salva; determinaría las cosas buenas y malas que acaecen a las personas; y determinaría también las decisiones, buenas y malas, de las personas. Así, el calvinismo tiene el problema de anular el libre albedrío del hombre y—en gran parte por ello— hacer a Dios la causa del mal. El dios del calvinismo es malvado, parece el diablo, y el teísta abierto así lo reconoce: dado un Dios todopoderoso que todo lo determina y dado que en este mundo suceden cosas malas, Dios no puede ser bueno.

El problema es que el teísta abierto resuelve el problema creando uno que tal vez sea peor. El teísta abierto soluciona el problema de la bondad de Dios atentando contra su omnisciencia: Dios no es malo, es solo que no conocía las malas decisiones futuras de los hombres.

PRESCIENCIA Y (PRE)DETERMINACIÓN

Veíamos también en la entrada anterior que el proponente del TA es un calvinista frustrado, en cuanto a que no parece posible que el TA hubiera surgido independientemente del pensamiento calvinista. En efecto, Boyd (defensor del TA), afirma junto con John Piper (calvinista), que si Dios conociera de antemano las acciones futuras de los hombres, tales acciones estarían predeterminadas por Él.

La situación se puede plantear lógicamente utilizando las siguientes proposiciones:

(A) Hay presciencia divina si y solo si hay predeterminación divina.
(B) La predeterminación divina implica que Dios es la causa del mal y el sufrimiento en el mundo.

Si (A) y (B) son ciertas, concluímos por transitividad que

(C) La presciencia divina implica que Dios es la causa del mal y el sufrimiento en el mundo.

El teísta abierto cree que todas las anteriores son ciertas y están en franca contradicción con

(D) Dios es bueno.

Es difícil contradecir (B). Incluso teólogos calvinistas de la talla de Paul Helseth así lo reconocen.2  Pero es obvio que (B) está en franca contradicción con (D).

Y si (A) es cierta, dada (B), tenemos que (C) y (D) también se contradicen. Pero (A) no es cierta. La presciencia —divina, angélica o humana— no es condición suficiente para predeterminar el futuro. No es cierto que conocer algo de antemano, sin importar quién conozca —divino, angélico o humano—, determine aquello que se conoce.

Yo, por ejemplo, sé que 2 + 2 = 4 con completa certeza, pero el hecho de que así lo sepa, no lo determina. Con un poco menor grado de certeza también sé que el sol saldrá mañana por el oriente, y mi conocimiento tampoco lo está determinando. Sé también que si invito a Juan Pablo, mi mejor amigo, a comer pescado, me va a responder que no acepta, porque no le gusta; y no estoy determinando su respuesta. Todos estos ejemplos muestran que el conocimiento de algo no determina ese algo.

En particular, sin importar el grado de certeza, el conocimiento previo de cómo va a actuar un agente libre, no determina la acción del agente libre. El inglés ayudará un poco aquí: el conocimiento previo de una acción futura implica que algo ocurrirá (will happen) de cierta manera, mas no que deba ocurrir (should happen) de esa manera. Así las cosas, a partir de la presciencia concluir el should, en lugar del simple will, no se sigue, es lo que en lógica llaman una falacia non sequitur. En particular, un agente libre podría actuar de otra manera y, si así fuese, Dios en su presciencia sabría de otra manera también. Es decir, es falso que la presciencia implique predeterminación.3

Como dijimos en la entrada anterior, el TA remplaza al Dios malvado del calvinismo por uno ignorante. ¿Por qué? Porque bajo el precepto errado de que la presciencia implica predeterminación, la solución del teísta abierto es limitar el conocimiento de Dios. De esta manera evitaría él que el Dios del cristianismo sea malvado. Sin embargo,  si como ya vimos la presciencia no implica predeterminación, el miedo del teísta abierto es infundado.

ONTOLOGÍA

El primer punto de defensa del TA para no negar la omnisciencia y evitar la acusación de herejía es negar que el futuro exista: si el futuro no existe, Dios sigue siendo omnisciente aunque no lo conozca porque no hay nada que Él no sepa. Esta concepción tiene al menos tres inconvenientes:

(1) El Dios de ahora es más Dios que el de hace 5 minutos porque conoce más. En este sentido el TA se acerca peligrosamente a la teología del proceso, según la cual Dios va creciendo. Puesto así sería una herejía rampante.

(2) Sumerge a Dios en una realidad más allá del mundo físico en la que lo somete a una concepción lineal del tiempo desde la eternidad, porque aun antes de la creación del universo Dios no conocía las acciones futuras de los hombres. Pero antes no es una palabra que tenga sentido fuera del mundo físico; el tiempo es una entidad física del universo que nace en el Big Bang, no de la eternidad.

(3) Atenta contra la muy apta definición ontológica que da Anselmo de Dios: el ser máximo concebible. Porque es al menos lógicamente posible que exista un ser que sí conozca el futuro, luego ese ser sería más grande que Dios.

Para solucionar el punto (3), el teísta abierto argumenta que existen cosas que Dios decide no conocer, comparando la omnisciencia con la omnipotencia. Sin embargo, la omnipotencia divina es un atributo modal en cuanto a que Dios es Todopoderoso pero no «Todohacedor». Es decir, el hecho de que pueda hacer todas las cosas no implica que haga todo lo que puede hacer. Por ejemplo, Dios eligió crear un mundo en el que hay humanos, agentes libres que pueden amar, pero hubiera podido crear un mundo en el cual no hubiera agentes con capacidad de amar. La omnipotencia es un atributo modal de Dios.

No obstante, no es esta la forma en la que funciona la omnisciencia; es más, no es esta la forma en la que funciona el conocimiento, en general, omnisciente o no. Una vez yo conozco algo, no tengo cómo decir que voy a olvidarlo. Yo simplemente no puedo decidir que no voy a conocer más el teorema fundamental del cálculo. Ciertamente, puedo decidir no usarlo, pero no puedo decidir olvidarlo. La omnisciencia, obviamente, exacerba esta característica: un ser omnisciente —Dios— no puede decidir de un momento a otro que no va a saber algo, simplemente no tiene sentido afirmarlo.

Surge entonces aquí la pregunta de cómo conciliamos un Dios todopoderoso con un Dios que no puede no conocer. Es decir, hay algo que Dios no puede hacer: no conocer; ¿cómo cuadramos esto con su omnipotencia? Los filósofos y los teólogos han respondido tradicionalmente que Dios puede hacer todo lo que es lógicamente posible hacer y las contradicciones lógicas no son posibilidades válidas. Así, Dios por ejemplo no puede crear un soltero casado. Yo prefiero una pequeña modificación a este argumento para ilustrar que, aun a pesar de las contradicciones lógicas, Dios sigue siendo todopoderoso: en realidad Dios también puede hacer cosas que son contradicciones, lo que sucede con la contradicciones lógicas es que viven en el conjunto vacío. Por ejemplo, el conjunto de los solteros que son casados es vacío. Luego Dios puede crear un soltero casado: lo único que tiene que hacer es nada.

Así, volviendo al problema del teísmo abierto, vemos que no es posible prescindir de la omnisciencia divina diciendo que Dios se puede olvidar o puede decidir no conocer algo que siempre ha sabido. Y, aun concediendo que fuera posible, de hacerlo así, se generaría una inconsistencia, porque sería lógicamente posible que existiese un ser más grande que Dios, algo que carece de todo sentido.

 

BIBLIOGRAFÍA

1. Véase, por ejemplo, Boyd G. God Limits His Control. En Jowers D. Four Views on Divine Providence. Zondervan. O su prólogo a Saia, M. 2014. Does God Know the Future? Second Edition. Xulon Press.
2. Helseth P. God Causes All Things. En Jowers D. Four Views on Divine Providence. Zondervan.
3. Craig W. L. 2000. The Only Wise God. Wipf & Stock.


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