Eternidad

La eternidad no puede estar dada en términos de tiempo, porque el tiempo comenzó a existir con este universo finito. De modo que si definimos la eternidad en términos de tiempo, al decir que Dios es eterno tendríamos que darle un inicio y, con el correr de los segundos, aquello que llamamos Dios no lo sería, sino que estaría llegando a serlo, como en la tan cuestionable «teología del proceso». La eternidad debe ser otra cosa. Sostengo que eternidad es la plenitud que se vive en una relación de amor. Por eso Dios necesita ser Trino para ser eterno: la eternidad de cada Persona de la Trinidad se encontraría en la relación perfecta de amor —dado y recibido— que tiene con las otras dos.

Así también, la eternidad que anhelamos, aquella que Dios puso en nuestro corazón, ha de ser la de una relación íntima con Él. De esta manera, nada más, nadie más, puede satisfacer dicho anhelo, sino Aquel que puede amar perfectamente. Solo Él.

Pero mientras llegamos allá, entre mejores sean nuestras relaciones de amor acá, más nos aproximaremos a la plenitud en este mundo. Quizás no sean perfectas, pero no por ello serán malas o poco deseables. Lo finito solo es pequeño con relación a lo infinito. En tal sentido, ninguna relación humana, por más amor, se puede asemejar a la relación con Dios, a la relación allá con Dios. Pero lo finito puede ser muy grande, ¡mucho!, con relación a otras cosas finitas, luego entre más nos acerquemos a la plenitud en nuestras relaciones de amor aquí, más nos aproximaremos a la eternidad, en un límite que solo va a converger allá eternamente con Él.

Mientras tanto, amamos acá. Regalamos eternidad. Regalamos la eternidad que Dios ha puesto en nosotros a quien tenemos cerca acá (prójimo = próximo). No solo con la esperanza de que cada uno experimente allá la eternidad de su amor, sino con la de que nuestros mutuos amores acá serán potenciados allá y, en Él, también ellos harán eternos.

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1 respuesta

  1. …“Mientras tanto, amamos acá. Regalamos eternidad. Regalamos la eternidad que Dios ha puesto en nosotros a quien tenemos cerca acá (prójimo = próximo). No solo con la esperanza de que cada uno experimente allá la eternidad de su amor, sino con la de que nuestros mutuos amores acá serán potenciados allá y, en Él, también ellos harán eternos”
    ¡Sin comentarios!
    Agradecemos a Dios por turbar las fibras de nuestras almas con cada uno de tus escritos.
    Gracias Daniel Andrés Díaz

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