Sobre Ravi Zacharias

Foto: Daniel Semerano

“Well, here at last, dear friends,
on the shores of the Sea
comes the end of our fellowship
in Middle-earth.
Go in peace!
I will not say: do not weep;
for not all tears are an evil.”

Gandalf

He estado con Ravi un par de veces. La primera vez, lo que más me impactó no fue su conocimiento ni su oratoria, sino la potencia de su humildad. Se sentía el poder del Espíritu en su mansedumbre. No digo esto por sonar evangélico. De hecho, esa vez se me llenaron los ojos de lágrimas ante la paz que irradiaba Ravi. Fue tan poderoso que me hizo preguntarme si no sería algo semejante lo que experimentaron los apóstoles, la samaritana o cualquiera entre todos los demás que terminaron tan tocados, cuando se encontraban con Jesús.

La segunda vez fue aquí en Miami, hace tres meses. Ya lo sentí un poco más adusto. No en su trato con la gente, porque yo lo veía esforzándose por ser amable con todo el que se acercaba, pero había algo más profundo en su actitud. Sabía por las redes sociales que llevaba un periplo largo por todas partes del mundo y siempre he sabido también que la espalda le molesta mucho, así que supuse que mi percepción de su actitud era porque estaba agotado.

Cuando en el evento principal subí a poner la mesa para la sección de preguntas, me habían dicho que la pusiera al lado de la entrevistadora, al otro lado de Ravi. Pero cuando bajé del escenario, algunas mujeres de RZIM me pidieron encarecidamente (en serio, estaban muy preocupadas) que volviera a subir y la pusiera junto a Ravi porque su espalda le incomodaba tanto que ni siquiera sentado podía sostener bien la Biblia en su regazo sin que sintiera un intenso dolor.

Foto: Daniel Semerano.

Así que subí y le dije: «Ravi, subí a ponerte la mesa al lado para que pudieras apoyar tu Biblia y descansar tu espalda». Entonces la mirada le cambió inmediatamente. Fue la misma mirada suave que antes le había conocido, llena de descanso y alivio. Ravi todo el tiempo había estado haciendo un esfuerzo sobrehumano para soportar el dolor, poder estar con la gente y compartir el mensaje. Uno no puede fingir algo así. Ravi es auténtico, Él vive la gracia que cree. Él no solo habla palabras, sino que vive la Palabra, vive al Logos.

Lo que quiero decir con esto es que aunque está bien estar triste, es un privilegio haber vivido en la misma época que un hombre como él, que tanta influencia ha tenido sobre nosotros. Es un privilegio saber que 2000 años después la verdad del cristianismo —no de la religión cristiana, sino del cristianismo—, esa que va más allá de las palabras y los argumentos, sigue hoy transformando vidas, como la de Ravi. El mensaje es real.

Y por esa misma realidad tenemos una esperanza mayor, una que aun en caso de que Ravi se vaya con el Señor por este cáncer es más grande que la enfermedad y que la muerte. Ravi ha vivido su vida como un obrero fiel por la gracia del Señor. Pero si se va con Cristo, sería una prueba de que todo lo que siempre ha dicho ha valido la pena, y su dicha en la presencia de su Señor será la corona de una vida consagrada al Dios que amó y sirvió.

Categorías:Español

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1 respuesta

  1. No pude evitar las lágrimas con tan sólo leer el primer párrafo.
    Es un escrito que transmite la profunda admiración de haber conocido en pleno siglo XXI, a una persona que transmitió paz, humildad y un Espíritu manso. Una persona que literalmente mostró a un Jesús vivo con todo lo que hizo.
    Paz, humildad y Espíritu manso… ¿Es precisamente lo que estoy transmitiendo cómo “cristiano”?

    ¡Gracias!

    Me gusta

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